Una creencia se refiere a aquello que pensamos acerca de cualquier aspecto de nuestra vida, desde lo más general de cómo funciona el mundo hasta lo más particular, sobre quién eres y todo lo que representa tu mundo interior. A partir de estas creencias se forma un sistema de creencias que construyen tu modelo de mundo, tu manera particular de interpretar la realidad. Toda la información que has aprendido a lo largo de tu vida, de la transmisión de tus padres, tu familia, educación, socialización y de todas las vivencias de cada etapa de tu vida han sido el input para formar cada una de ellas. Nuestro cerebro funciona como un software que almacena y activa programas automáticos en cada segundo de nuestra existencia.

Lo consciente y lo inconsciente en nuestro sistema

Ahora bien ¿Somos conscientes de todas las creencias que forman nuestro sistema?, en realidad no, sólo una parte de ellas están en la conciencia, pero la gran mayoría actúa desde la parte inconsciente, la fuente que opera los outputs del sistema. Tu cerebro procesa esta información dirigiendo en cada minuto lo que haces, hablas, eliges o sientes. Cada vez que reaccionas a los eventos de la vida desde el gozo o el displacer, hay una creencia que respalda aquella conducta, elección, o emoción. En el momento no te das cuenta, no es un proceso consciente, tú simplemente actúas, eliges o sientes, de acuerdo con lo que crees en ese contexto y momento de tu vida.

Creencias expansivas vs. Creencias limitantes

Dependiendo de las características de estas creencias, tendrán una función en tu vida, algunas de ellas te ayudarán a expandirla, poniendo al servicio todos tus recursos personales necesarios para avanzar en tus metas, lograr los resultados que esperas y avanzar en tus sueños, pero otras actuarán limitándola, activando un estado de alerta y generando fricción, obstáculos o constricción de tu experiencia.

Cada vez que, por ejemplo, te atreves a exponer una idea distinta en una reunión, hay detrás una creencia que lo respalda, que podría ser “Mi punto de vista aporta valor, aunque sea diferente”, si te consideras una persona con criterio propio. En el momento no te detienes a pensar en esta idea acerca de ti, tú simplemente expones tu idea y sientes una emoción expansiva, como satisfacción, motivación, etc. que respalda y retroalimenta dicha conducta para continuar repitiéndola.

Luego en otra circunstancia, por ejemplo, evitas pedir ayuda, aunque la necesites, hay detrás una creencia que lo sostiene, que podría ser “Pedir ayuda es sinónimo de debilidad”, si te consideras una persona autosuficiente. Esta situación es probable que genere en ti el conflicto entre reconocer que necesitas apoyo, y no permitirte pedirlo y ese pensamiento te lleve a experimentar una emoción displacentera como enojo, rabia o frustración.

El cuerpo como instrumento de navegación

Saber que existen no es suficiente para reconocerlas e identificarlas, para ello contamos con nuestro mayor instrumento de navegación y conexión con nuestro inconsciente, nuestro cuerpo. Para reconocerlas en el diario vivir necesitamos de la acción consciente del pensamiento conectado a las emociones. Si miras en tu interior y reconoces por ejemplo un momento en que dijiste que sí a una solicitud cuando en realidad querías decir que no, tu cuerpo te habrá mandado una señal de incomodidad, en alguna parte se habrá activado una señal que te dice que lo que expresas no se siente cómodo, tal vez tus músculos se contraen, sientes malestar en el estómago, o una sensación en la garganta y de manera conjunta se activa la emoción que lo acompaña, enojo contigo mismo, frustración, etc.

“Esa señal física es un anclaje de tu programación. El cuerpo tiene memoria y recuerda lo que la mente ha olvidado.”

— Patricia Correa Anastasiades

El reconocerlas en el diario vivir te ayuda a expandir tu consciencia y te ofrece la posibilidad de elegir si quieres cambiar aquello que no te agrada o que limita tu experiencia y al hacerlo ganas libertad para actuar de la manera más alineada a la persona que tú eres.

Ejercicio Práctico de Autoobservación

El camino del cambio y la pregunta interna

Si tu elección es seguir el camino del cambio te invito a hacer un ejercicio de observación, en el que tú tomes ese rol de observador de ti mismo y la próxima vez que sientas una emoción fuerte, ya sea un enojo repentino o una alegría expansiva, no te quedes solo con la emoción. Pregúntate:

  • • ¿Qué creencia está sosteniendo esto?
  • • ¿Qué tengo que creer sobre mí o sobre el mundo para reaccionar así?

Y cuando sea una emoción que no se siente cómoda o sabes conscientemente que quisieras cambiarla, pregúntate acerca de esa creencia que has descifrado:

  • • ¿De dónde se origina esa creencia?
  • • ¿Quiero seguir pensando de la misma manera?
  • • ¿Esa creencia está alineada con la persona que yo soy? ¿O quiero cambiarla?

Pulir el lente con el que miras el mundo

Para lograr cambios en nuestras creencias necesitamos conocerlas, si no sabemos qué queremos cambiar, ¿cómo lo podríamos hacer? Y partir por conocerlas, cuáles son limitantes y cuáles son expansivas, nos permite contrastar para identificar con mayor agudeza y profundidad aquellas que nos gustaría mantener en nuestra vida, y cuáles transformar.

“Tus creencias son el lente con el que miras el mundo, pero no son el mundo mismo. Y como todo lente, se puede pulir, cambiar o ajustar. La pregunta no es si tienes creencias limitantes —todos las tenemos—, sino si estás dispuesto a mirar con la suficiente honestidad para descubrir cuáles ya no te sirven.”

Patricia Correa Anastasiades

Escrito por Patricia Correa Anastasiades

Psicóloga · Máster en PNL. Especializada en acompañamiento de adultos en crisis vitales, gestión de creencias y Programación Neurolingüística. Atención online en todo Chile y presencial en Santo Domingo.

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